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Consejos para manejar la frustración

El ambiente de cercanía e intimidad que vivimos en la familia puede hacernos bajar la guardia del respeto. La confianza, hace que muchas personas tengan actitudes con sus seres queridos que en el trabajo o con los amigos jamás tendrían.

En casa el dominio propio debe prevalecer, si no lo hacemos, puede llevarnos a expresar frustración de una forma equivocada. Podríamos llegar a acostumbrarnos a comportamientos tóxicos dentro de la casa. Por ejemplo, no es correcto que al sentirnos frustrados gritemos, reaccionemos diciendo palabras hirientes, lastimando, humillando, denigrando o generando culpa en los demás. Principalmente si son las personas más cercanas y las que más amamos. No podemos olvidar que vivimos juntos.  Por esto, le doy algunos consejos prácticos:

1. Reconozca los momentos y situaciones que le producen frustración

Debemos aprender a reconocer cuando estamos llegando a niveles de frustración que sacan lo peor de nosotros, en otras palabras, procuremos reconocer los momentos en los que debemos esforzarnos para dominar la tensión.

Cuando estamos bajo altos niveles de estrés, se tiende a levantar la voz y sentirnos irritables. Cuando tenemos mucho trabajo pendiente, nos angustiamos y esto podría llevarnos a la frustración, asumimos un comportamiento irritable y, con mucha facilidad, podemos perder la paciencia.

Estas situaciones nos hacen estar tan sensibles que casi buscamos excusas para sacar toda esa ansiedad interna que causa presión. Es decir, se hace tan difícil manejar los altos grados de tensión, que solo esperamos un pequeño detonante que active la bomba de tiempo.

Hay que anticipar los momentos difíciles para prevenir los efectos negativos del cansancio físico y mental que nos lleva a la irritabilidad. Para ello, debemos diseñar una estrategia que nos permita canalizar correctamente el cansancio, el estrés, la frustración y la angustia.

2. Establezcan un pacto de respeto mutuo

El respeto debe ser la regla principal, tenemos que decidir no irrespetarnos. Genere el espacio necesario para que la persona que está experimentando frustración pueda descansar, reflexionar y ordenar sus ideas y emociones.

El secreto para mantener la armonía familiar, es recordar que seguimos juntos, que nos amamos y esto implica cuidar la línea del respeto. Expresar lo que siento es importante, pero más importante aún es reconocer que nos amamos y seguiremos juntos.

3. Verbalice lo que siente

Es necesario decir: “Estoy cansado”, “estoy frustrado”, “estoy viviendo un momento difícil, no es un tiempo para hablar de este tema”, “no hablemos en este momento”. Verbalizar lo que se siente y cómo se siente, ayuda a ordenar las emociones.

Para la persona que asume el rol de escuchar los sentimientos, es necesario que lo haga sin juzgar, ni criticar. No menosprecie las causas por las que la otra persona está experimentando frustración. No podemos minimizar los sentimientos de la otra persona. Lo que los demás sienten es importante, por eso merecen ser escuchados y respetados.

Hay que llegar a un acuerdo en el que se dé la oportunidad de reconocer que se necesita de espacio personal para enfriar las emociones y donde se pueda canalizar la frustración sin lastimar. La meta es encontrar de nuevo el equilibrio emocional.

4. Tome el tiempo necesario para tranquilizarse

Tome tiempo para enfriar su enojo, descanse, pida un espacio para reflexionar, absténgase de hablar bajo los efectos del enojo; camine, respire profundo, hable con Dios. Esto ayuda a poner en orden lo que se piensa y lo que se siente. Este espacio da la oportunidad de ver todo de una mejor forma, de expresar lo que se siente sin herir, de hablar con uno mismo y de buscar formas de liberar tensión de manera saludable.

Recuerde, es un momento emocional que pasará, pronto los pensamientos y los sentimientos volverán a su normalidad. En esos momentos se puede querer abandonar a quienes ama, y sentir frustración, pero recuerde, simplemente son pensamientos y sentimientos distorsionados alterados por las circunstancias. Lo que sentimos y pensamos en esos momentos de frustración es pasajero, no es real.

El cansancio y el estrés generan pensamientos distorsionados, por eso es fundamental darse el tiempo necesario para volver a tomar el control. Descanse, dialogue, no exprese acaloradamente lo que siente, pronto pasará y se sentirá mejor.

Darse un espacio ayuda a acomodar las emociones y a bajar la tormenta de pensamientos y sentimientos que podrían conducir a acciones inadecuadas como gritar a los demás, o lastimar.

Los daños que provoca una explosión emocional pueden ser irreversibles, tirando por la borda lo que le ha costado construir durante mucho tiempo. Por lo tanto, es indispensable reflexionar sobre las consecuencias y tomar el tiempo necesario para procesar lo que siente.

5. Tenga un grupo de amigos con los cuales dialogar

Los buenos amigos pueden ayudar a interpretar lo que se está sintiendo y pueden enriquecer su criterio. Aléjese de quienes le hacen daño alimentando el enojo o la frustración. Tenga amigos que le escuchen, con los cuales pueda dialogar francamente. Converse con quienes le ayuden a crecer como persona y le estimulen a convertirse en un pacificador.

6. Si no puede lidiar correctamente con la frustración, busque ayuda profesional

Si termina descontrolado y lastima a otros, es indispensable buscar ayuda. Por amor a los que ama debe buscar ayuda para interpretar correctamente lo que está ocurriendo, y procurar mejorar para nuestro propio bien y el de la familia.

A pesar de las circunstancias difíciles, la familia continúa su camino. Si no se canaliza adecuadamente la frustración, se va a lastimar y a generar recuerdos negativos que serán guardados en la memoria de nuestros seres queridos por muchos años, a causa de una situación que se puede manejar diferente.

La familia, es el grupo de personas más cercanas y son ellas las que más amamos, por lo tanto, debemos proteger su integridad y su bienestar. Son las personas que están ahí, en las buenas y en las malas, no son enemigos, por el contrario, son los más cercanos; los que quedan cuando todos se han ido.

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